Animales pastando con una ciudad de fondoPara 2025, más de la mitad de la población del mundo en desarrollo -unos 3.500 millones de personas- vivirá en las ciudades. Para los encargados de elaborar las políticas y los responsables de la planificación urbana, que las ciudades sean más verdes podría ser la clave para asegurar la provisión de alimentos inocuos, nutritivos, medios de subsistencia sostenibles y comunidades más sanas.

El concepto de ‘ciudades verdes’ se suele asociar a la planificación urbana en el mundo más desarrollado, pero en los países en vías desarrollo de bajos ingresos tiene una aplicación especial y dimensiones sociales y económicas significativamente diferentes.

El reto consiste en abandonar la política de extensión territorial de las ciudades para orientarla hacia ciudades que integren opciones de horticultura urbana y periurbana. Esta iniciativa no es una novedad ya que se desarrolló en la antiguedad, por ejemplo, en la ciudadela inca de Machu Picchu, que poseía zonas intensamente cultivadas.

La ‘ciudad verde’ no implica sólo una solución al problema de provisión de alimentos, sino que también supone un negocio para muchas personas.

“La horticultura urbana ofrece una salida de la pobreza“, indica Shivaji Pandey, director de la División de Producción y Protección Vegetal de la FAO.

Hace hincapié en los bajos costos iniciales y el alto rendimiento. Además, los alimentos urbanos son responsables del incremento de la obesidad, el exceso de peso y las enfermedades crónicas asociadas a la dieta, como la diabetes.

La producción de frutas y hortalizas, las fuentes naturales más ricas de micronutrientes, en las ciudades y sus alrededores aumenta el suministro de productos frescos y nutritivos y mejora el acceso económico de las personas pobres de las urbes a los alimentos.

Conforme crecen las ciudades se pierden valiosas tierras agrícolas a causa de la construcción, la industria y la infraestructura, y la producción de alimentos frescos se aleja más hacia las zonas rurales. El costo del transporte, el embalaje y la refrigeración, las malas condiciones de las carreteras rurales y las fuertes pérdidas durante el tránsito se suman a la escasez y el costo de la fruta y las hortalizas en los mercados urbanos. Si a esto le sumamos la perspectiva de crecimiento del umbral de pobreza (que puede llegar al 45 % en 2020) encontramos una única solución para un problema con dos caras.

Por esa razón la FAO ha impulsado medidas para regularización de zonas cultivables. En la República Democrática del Congo, la FAO recomendó medidas que normalizaron los títulos de propiedad de 1.600 hectáreas de zonas verdes que trabajaban unos 20.000 agricultores de tiempo completo en cinco ciudades. Este proyecto introdujo variedades mejoradas de hortalizas e instaló 40 estructuras mejoradas de irrigación, que amplían la disponibilidad de agua durante todo el año.

Estas actuaciones ya han dado sus frutos, sólo las plantaciones comerciales de la capital, Kinshasa, hoy producen alrededor de 75.000 a 85.000 toneladas de hortalizas al año, o lo que es lo mismo, un 65% del suministro de la ciudad.