Sus picos al abrir y cerrarse, emiten un sonido parecido a un martilleo constante. Son grandes y blancas y cada año en noviembre comienzan a llegar, en parejas, a Alcalá de Henares.

Los vecinos se muestran orgullosos de las cigüeñas blancas que pueblan sus techos y torres y no dudan en comentar. Tal ha sido la protección que se les ha dado a estas visitantes africanas, que se han construido estructuras metálicas para que ellas aniden, sin ocasionar daño a los techos de edificios históricos de la ciudad, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en diciembre de 1998.

En la década de los setenta, la población a lo sumo era de veinte parejas, pero ahora se han reproducido y llegan a casi 200 las que retornan cada año al mismo nido – que forman cuando se emparejan- el cual acomodan y mantienen seco, gracias a la constancia con la que vuelan en busca de ramas al río Henares.

 

Un refrán local señala “Para la Fiesta de San Blás, cigüeñas verás”, pero pese a que febrero ya ha terminado, aún hay muchas cigüeñas en los nidos y  desde hace un par de años, varias parejas al parecer decidieron no retornar a África y se han quedado a residir en Alcalá de Henares, donde tienen más alimentos.

El gobierno municipal, a través de la Concejalía de Medio Ambiente ha iniciado un itinerario turístico llamado la Ruta de las cigüeñas, un programa que combina el patrimonio histórico y natural de la Ciudad que  tiene como objetivo brindar educación ambiental a todo tipo de públicos, sobre todo a estudiantes.

También en esta ciudad se desarrolla una exposición gratuita para informarse sobre el ciclo de vida de las cigüeñas.  Mi recomendación es que si un niño curioso le pregunta de dónde vienen los niños, no le diga que los traen las cigüeñas de París, sino de Alcalá de Henares.