Hoy 17 de junio, es el Día Mundial de Lucha Contra la Desertización. Hemos hablado con Miguel Herrero Uceda, uno de los amigos que tiene este blog y del que siempre nos enriquecemos con la información que nos aporta.

Colaborador de la Fundación ‘Más árboles’, Naturalista, ecologista y escritor de libros originales e interesantes como “El alma de los árboles” (ya hablamos de él en otros post), no te pierdas lo que ha escrito para conmemorar un día que debería hacernos recapacitar sobre la situación de nuestro planeta. Ahí te dejo con su reflexión:

“Ha pasado mucho tiempo desde la época de Estrabón, el geógrafo grecorromano de quien se dice que aseguraba que una ardilla podía cruzar toda la Península Ibérica saltando de rama en rama, desde Gibraltar hasta los Pirineos. Hoy, 2.000 años después, nuestro paisaje ha cambiado mucho, demasiado. Estamos ante las mismas puertas del desierto y parece que no nos damos cuenta del grave riesgo en el que estamos”.

“Sin árboles no hay naturaleza, no hay riqueza, no hay cultura, no hay vida, no hay nada. Así lo entendió la keniata Wangari Maathai, que veía como se destruía sus bosques, cómo lentamente desaparecía con ello, la cultura de su pueblo, cómo desaparecían los arroyos y cómo aumentaban el hambre y los conflictos tribales en su país. Decidida a cambiar el rumbo de Kenia, Wangari ha dedicado su vida a plantar árboles y a la regeneración de los antiguos bosques de Kenia, organizó grupos de mujeres de zonas rurales para plantaran árboles. Gracias a su tesón, logró no solo mejorar las condiciones de vida de estas mujeres, sino que al desafiar al dictador Daniel Arap Moi, hizo resquebrajar su poder y facilitó la apertura democrática de su país”.

“El ejemplo de Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz, se difundió por varios países africanos a través del Movimiento Cinturón Verde. En 2005 se anunció la creación de la Gran Muralla Verde, un cinturón arbóreo de 7.000 kilómetros de longitud y 15 de ancho entre el Océano Atlántico y el Mar Rojo, entre Senegal y Yibuti, un cinturón capaz de detener el avance del desierto que actualmente absorbe 1,5 millones de hectáreas cada año. Senegal, desde agosto de 2008, ha empezado con gran entusiasmo este titánico proyecto”.

“Mientras en estas naciones, sin apenas recursos, se refuerza el límite sur del desierto ¿qué hacemos en la opulenta frontera norte? Pues avergüenza admitir lo poco que se hace. Ahora, en  crisis y desempleo, sería un buen momento para lanzar un plan estatal de reforestación. Esto conllevaría la creación de empleo en zonas deprimidas, evitaría el abandono de los entornos rurales y generaría riqueza”.

“Frente a la erosión, los árboles retienen la tierra, minimizan el riesgo de riadas, rellenan los acuíferos, mantienen humedad, favorecen la biodiversidad con lo que se evita la aparición de plagas, absorben el CO2, ese gas causante del efecto invernadero y, en definitiva, disminuyen los efectos del cambio climático. Ante la poca motivación de los poderes públicos, ha sido una fundación, la Fundación Más Árboles la que ha cogido la iniciativa”.

“Se ha propuesto sembrar 100 millones de árboles en cuatro años en toda España como barrera contra el desierto, para ello intentan implicar a empresas privadas y ayuntamientos para que se sumen al plan; así poco a poco y con gran esfuerzo de sólo un puñado de personas van surgiendo tímidamente nuevos bosques, pese a la pasividad del estado”.

“Ante la gravedad de la  situación, desde 1994 la ONU fijó el 17 de junio como Día Mundial de Lucha Contra la Desertización. En época de crisis climática y crisis económica, es una pena que los estados europeos que casi rozamos el norte del Sahara no estén tan sensibilizados con este problema como los países africanos del sur. Y aún, orgullosos de nosotros, pretendemos que nos tomen como ejemplo. ¡Ay, si la ardilla de Estrabón levantara la cabeza!”.

Y para finalizar una cita: “Cuando plantamos árboles, plantamos semillas para la paz y la esperanza” (Wangari Maathai).