Foto: Montse Bacardit

Foto: Montse Bacardit

El cambio climático está afectando tanto al contenido como a la calidad de la materia orgánica presente en los llamados ‘lagos remotos’, poniendo en riesgo su valor como lugares de referencia claves. Los descubridores de este hallazgo son unos científicos españoles coordinados por la profesora de la Universidad de Granada (UGR) Isabel Reche Cañabate.

Este equipo de investigadores analizaron 86 lagos alpinos y polares para su análisis comprobando que las prístinas aguas de estos enclaves están recibiendo polvo, contaminantes y otros aerosoles atmosféricos que están afectando a la cantidad y calidad óptica de la materia orgánica contenida en estos lagos.

Por lo visto, así al menos se pone de manifiesto en el artículo publicado recientemente en la prestigiosa revista ‘Nature  communications’ en la que los autores difunden la noticia, “la materia orgánica disuelta que hay en un lago constituye su principal forma de carbono orgánico, y tiene funciones clave tanto como fuente de energía para las bacterias como regulando la penetración de la radiación ultravioleta en la columna de agua”.

Resulta que los lagos remotos, al estar lejos de la influencia directa de la actividad humana, a cotas donde  prácticamente no existe vegetación y bajo condiciones climáticas extremas, se reconocen en la actualidad como excelentes sensores o “termómetros” para evaluar los cambios que ocurren en la Tierra, tanto de procesos naturales como antropogénicos.

Pues bien, los lagos alpinos analizados por los investigadores españoles representaron un gradiente de aportes del polvo sahariano -con lagos localizados en el Atlas, Sierra Nevada, Pirineos y Alpes- y de polvo de la Pampa -con lagos localizados en la Patagonia-.

Además, se incluyeron lagos exentos de esta influencia de polvo atmosférico como son los del Ártico y los de la Antártida. Valoraron la importancia de los aportes atmosféricos sobre la concentración y calidad de la materia orgánica disuelta de estos lagos, poniendo de manifiesto que existe un claro patrón geográfico determinado por la deposición de polvo, la incidencia de la radiación ultravioleta y el procesamiento de materia orgánica por las bacterias.

En la actualidad, el cambio en el uso de la tierra y el calentamiento global están incrementando notablemente los aportes de polvo de origen africano hacia la atmósfera, donde es distribuido a escala global por la circulación atmosférica.

Por otro lado, el incremento de temperaturas asociado con este calentamiento climático está reduciendo la cubierta de hielo, acelerando la descongelación de glaciares e incrementando el tiempo de residencia de agua y de exposición a la radiación ultravioleta de estos lagos.

En realidad, afirman los investigadores de la UGR, han determinado que “estos cambios están afectando tanto al contenido como a la calidad de la materia orgánica de estos lagos remotos, poniendo en riesgo su valor como lugares de referencia claves”.