Se les conoce con diversos nombres: guacamayas, lapas rojas, loros, pero su nombre científico es ‘Ara Macao’, un ave que se encuentra en peligro de extinción.

Su distribución abarca desde el sur de México hasta Argentina. Asimismo, fue nombrada ave nacional en Honduras en 1993.

Se calcula que en Centroamérica no hay más de cuatro mil ejemplares viviendo de forma silvestre.

¿En qué situación se encuentran? Su hábitat casi ha desaparecido con la ampliación de la frontera agrícola que propicia la destrucción de los bosques de almendros (su hogar, su lugar de reproducción), los cuales no son considerados maderas preciosas (protegidas) y son cortados sin que los gobiernos impongan vedas.

Una característica de estas preciosas especies aladas es que son monógamas, a los cuatro años escogen a su pareja de por vida y se les ve siempre volando juntas. Si una de las dos aves es cazada o fallece, la otra no se empareja jamás.

Pueden llegar a vivir hasta sesenta años y ponen de dos a cuatro huevos blancos que empollan durante 24 o 25 días en la cavidad de un almendro. Crían los polluelos durante 105 días, y éstos, al cumplir un año, se separan de sus padres y emprenden su emancipación.

Se realizan muchos esfuerzos en Centroamérica para conservar esta especie que junto a la ‘Ara Militari’ y la ‘Ara Ambigua’ figura en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES).

La Agencia Española de Cooperación Internacional, a través del “Programa Araucaria” (que nació en 1998 a raíz de los compromisos adquiridos por España en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 para colaborar con Latinoamérica en materia de desarrollo sostenible) y otras ONG españolas como Amigos de la Tierra y Tierra de Hombres figuran entre los donantes para la conservación de esta vistosa ave.