No solemos pararnos a pensar en el suelo que pisamos y en su contenido. Pero a más de uno le sorprendería saber, por ejemplo, que en el puñado de tierra que cabe en una simple cucharadita de café, miles de millones de seres vivos laten y se renuevan. Nos lo cuenta el gran ecologista Joaquín Araújo, con quien nos adentramos en la edafología o lo que es lo mismo, la ciencia que estudia el suelo.

“El suelo, lo primero que hay que tener en cuenta es que es una lenta creación de vida con elementos que por su parte hacen posible la vida. En general, los despreciamos, los vemos como una especie de regalo al que no hay que dedicarle esfuerzo, como si allí estuvieran desde siempre y pudiéramos hacer con ellos lo que queramos”,

comenta Araújo. El hecho de que sea una construcción fundamentalmente biológica en la que participan además el agua, la tierra, el aire y la energía, convierte a la tierra en el escenario más completo a la par que complejo de cuantos hay en el planeta tierra. Pero precisamente por ser el lugar donde se dan la mano el mayor número de elementos básicos para la vida, se convierte en algo delicado, frágil y extraordinariamente activo.

“En una cucharadita de café de un suelo muy fértil podemos encontrar miles de millones de seres vivos. Una aproximación: un suelo muy fértil pueden cohabitar diferentes virus, bacterias, algas y hongos y llegar a alcanzar en cifras hasta 2 o 3 veces el equivalente a la humanidad, es decir, unos 12.000 ó 18.000 millones de seres vivos”

explica, dejándonos asombrados, este gran ecologista.  Además, los suelos son el único sitio donde hay una altísima representación de todos los reinos de la vida. Hay bacterias, virus, embriones, todas las formas de organización vital todavía más elementales que las bacterias… Pero luego hay infinidad de algas, hongos, plantas o parte de ellas y por supuesto infinidad de animales.

Y animales de todos los tamaños, porque fauna del suelo hay hasta mamíferos: topos o la famosa lombriz de tierra, que en una hectárea de bosque puede haber hasta 6 millones de ellas.

“Realmente todo lo que hay sobre la tierra lo hay también bajo los suelos: hay selvas, praderas, ríos, migraciones, bosques, grandes concentraciones de animales… Lo más fascinante que pasa en los suelos es que en ellos desborda la fertilidad natural. Este proceso es complejo, y en él vuelven a intervenir todos los elementos de la vida y todos los factores minerales y bióticos del suelo. Pero, sin duda, lo que podríamos denominar más trascendente, es que no solo son ecosistemas donde sucede exactamente lo mismo que en los aéreos o en los marinos, es decir que tiene depredadores, descomponedores, etc, sino que hay alianzas, simbiosis, alternativas de complementariedad entre organismos distintos. Entonces, por ejemplo, todo lo que llamamos enraizamiento no deja de ser una alianza entre lo mineral y lo vivo. Los rizomas (tallos subterráneos compuesto de varias yemas) muchas veces establecen una alianza entre el hongo y la planta, es decir que estas simbiosis son lo más fascinante de los suelos porque conllevan una visión del mundo menos competitiva.”

Recuerda Araújo, invitándonos, de modo implícito a ser más conscientes de que, al dar un paso, todo un ecosistema nos sustenta.