La Antártida vuelve a la primera plana. Se descompone poco a poco. Una lenta agonía. Algunas de las placas más importantes de su estructura se están rompiendo. La última: un témpano de 40 por 2,5 kilómetros, que se desgajó de la plataforma de Wilkins. Pero, ¿qué sabemos realmente de este continente?

A diferencia del Polo Norte, que es una masa de hielo flotando sobre el mar, su base la forma una masa de rocas donde se aposenta el hielo. Tiene una forma bastante circular y ocupa alrededor de unos 4.500 kilómetros de diámetro. Lo más curioso es que, al margen de ese círculo que está situado más o menos en el polo sur, hay algunas partes de lo que es el continente antártico que salen fuera, se proyectan. En especial la zona que se denomina la península antártica.

Su espesor todavía apabulla: unos dos kilómetros y medio de alto sobre la roca. En algunas zonas, la altura aumenta hasta 4 ó 5 kilómetros de hielo, formando montañas de esa altitud.

En cuanto a su flora y fauna, como se deduce fácilmente, la presencia de hielo dificulta la flora, pero su fauna es importante y rica, n o porque tengan mucha variedad de especies, sino por la gran productividad de las que existen, siendo las más destacadas los pinípedos, como las focas y, el grupo de los pingüinos.

En el mar propiamente dicho lo que hay es una enorme productividad de pequeños crustáceos o peces que alimentan a los grandes animales de la zona, como el krill, un crustáceo en forma de gamba que sirve de alimento para ballenas.

Pero su riqueza es tal, que para frenar el interés economiscista de los distintos países, se firmó en 1959 el Tratado Antártico, para que haya consenso a propósito de cómo actuar sobre este continente que no está poblado en un momento en el que la tecnología aplicada allí suscita mucho interés (puede haber recursos explotables que sin control podrían desaparecer).

También se prohíbe cualquier tipo de actividad militar y regula las actuaciones que pueden realizar los diferentes estados interesados. España está entre ellos, y además tiene voz y voto en sus decisiones.

Lo que más preocupa de momento es el estado de la plataforma Wilkins, que hasta ahora se había mantenido estable. El pasado 28 de febrero se produjo una primera rotura de una masa muy alargada de hielo (más de 40 km de largo por 2,5 km de ancho).

Pero existen sistemas de seguimiento por satélite que han tomado fotos de esta primera rotura, y se constata que el proceso continúa. A finales de febrero había más de 500 km cuadrados de superficie rota desgajada de esa plataforma descansando sobre el mar, y que en el último siglo no había sufrido ninguna pérdida.

En marzo también se rompieron más trozos que quedaron como pequeños iceberg sueltos. Los hechos no son tan puntuales, es un proceso continuado, terriblemente continuo, y sin duda tiene que ver con el cambio climático, porque desde 1990 se sabe que, mientras en el interior del continente las temperaturas no parecen haber variado, en la zona periférica de la península Antártica sí que ha habido un calentamiento más fuerte que en el resto del planeta. Estas roturas son muy preocupantes porque los científicos esperaban que se produjeran dentro de 15 años.

Y aunque parezca mentira, cada uno de nosotros podemos hacer algo para contrarrestarlo. Una gota de agua también es el mar.