Ilustración de la NASA sobre la pérdida de hielo en el Ártico

Foto: Web de la NASA

Llevamos años hablando del cambio climático como un peligro potencial para nuestros ecosistemas, pero la realidad es que ya se ha convertido en algo tangible.

La mano del hombre está detrás de la aceleración de este fenómeno y el derretimiento de la capa de hielo presente en el Ártico es solo una muestra más de que nos encontramos ante un problema ambiental grave.

El Océano Glacial Ártico tiene una capa de hielo que se congela y descongela en función de la temperatura del agua y, según las mediciones del Centro de Datos de Hielo y Nieve de Estados Unidos (Nsidc, por sus siglas en inglés), ha alcanzado su mínimo histórico.

Así, el Ártico ha experimentado durante los últimos 30 años una rápida, significativa y constante pérdida de su capa de hielo, que ha descendido en número y volumen pero los científicos apuntan que la actual puede ser la que tenga mayores consecuencias en toda la historia.

Esta capa de hielo que ahora se derrite juega un papel crucial en la regulación del clima a nivel planetario, puesto que sobre el blanco del hielo la radiación se refleja, mientras que en mar abierto absorbe la energía del sol. Al haber menos cantidad de hielo se absorbe más energía y por tanto aumenta el calentamiento global en un proceso conocido como ‘retroalimentación positiva’.

Asimismo, al absorber energía el Océano se calienta y entra en un proceso de derretimiento por lo que diferentes expertos afirman que “el Ártico ha entrado en una espiral de destrucción”.

Esta pérdida afectará a muchas especies como osos polares, ballenas, morsas o aves, para las que el hielo es su hábitat natural, además de perjudicar a multitud de organismos marinos y permitir la navegación por el estrecho del Norte durante más tiempo, lo que alteraría gravemente los ecosistemas.

Desde Greenpeace afirman que este deshielo “es la gota que colma el vaso” de un verano muy negativo en lo referente a impactos ambientales y alertan de que 2012 podría ser un año “extremadamente malo” para un Ártico que se encuentra ya en situación crítica.