Foto: ESA

Foto: ESA

Estos días hemos asistido a la espectacular erupción del volcán islandés Eyjafjalla, situado bajo un glaciar. No podíamos dejar de mirar la inmensa nube de gases y cenizas que ha traído de cabeza a toda Europa, con su espacio aéreo bloqueado ante los riesgos que supone volar en esas condiciones. Al mismo tiempo, al ver esa enorme columna de humo, entre pardo, gris y negro, nos preguntamos y casi afirmamos: “¿Cuánta contaminación a la atmósfera?” Pues, aunque parezca mucho lo del volcán, el hombre contamina mucho más.

Así nos lo hace saber el director ejecutivo de Greenpeace España, Juan López de Uralde, a través del blog de la organización ecologista:

“Las erupciones volcánicas emiten cada año a la atmósfera entre 110 y 250 millones de toneladas de CO2, pero las actividades humanas multiplican por 100 esa cantidad”.

El director de la ONG recuerda la nube de finas partículas de ceniza que generó en 1991 la erupción del volcán Pinatubo, y aclara que, “al menos hasta el momento”, la erupción del volcán islandés “es de mucho menor escala”. A su entender, “no parece que las consecuencias vayan a ser comparables”. 
      
Además, y pese a que “se habla mucho del posible impacto de las erupciones volcánicas en el clima“, López de Uralde insiste en que los posibles efectos de enfriamiento que pueden causar las nubes de ceniza, éstas  “son puntuales y en ningún caso inducirán a una reducción de la tendencia de calentamiento global consecuencia de las emisiones de la actividad humana”.