Ana Tamariz no reserva sólo su “magia” para su escuela, donde imparte cursos a niños que quieren entrar en el mundo de la ilusión, sino que la ha utilizado en más de una ocasión para ayudar a muchas personas que lo estaban pasando mal. Ahora nos cuenta su colaboración con la ONG Brinzal, que recupera animales salvajes, sobre todo aves nocturnas y los devuelve a la libertad.

“Esta vez cambiamos la historia de la magia, y por una vez somos los magos los que nos convertimos en los ayudantes de los búhos”,

comenta Ana.

Claro, con ese apellido, sólo se puede ser hija de uno de los grandes. Aunque ella no actúa sobre los escenarios, es profesora de magia para los niños.

“Me encanta cuando les hago el efecto de magia, luego les enseño el truco, ver sus caritas de sorpresa…”

Pero, lo más solidario, es que ella emplea la magia como una terapia para ayudar a los demás:

“Hemos ido por ejemplo muchas veces a hospitales a enseñar a niños enfermos terminales. Es muy duro, pero nos han llegado a decir que a enfermitos a los que les daban muy poco tiempo de vida, por la ilusión que tenían de volver a tener la clase de magia, les alargábamos un poco la vida”.

Una profesión como la suya, que a ella le resulta muy común, será por haber nacido entre magos sin ser Harry Potter, permite hacer cosas insólitas cuando colabora con ONG:

“Llevamos 20 años ya con “La Gran escuela de magia Ana Tamariz” y he hecho infinitas actuaciones benéficas de todo tipo. Hemos puesto nuestro granito de arena para ayudar a indigentes, drogadictos, mujeres maltratadas, niños, personas mayores, enfermas…”

Por cierto, la referencia al mago lityerario más famosos de los últimos tiempos no es casual:

“Hace unos años, con todo el boom de Harry Potter, igual que a nosotros nos vino bien porque padres y niños querían aprender magia, pasó una cosa bastante triste: y es que muchos niños querían un búho y algunos familiares inconscientes cedieron a ese capricho. Pero claro, una vez que conseguían el búho, al cabo de una semana están aburridísimos de él, no sabían cómo darle de comer… total, que el ave acababa abandonada. Brinzal se ha ocupado de muchísimos de estos búhos.  Estos animales siempre han estado muy relacionados con el mundo de la magia como los grandes ayudantes de los grandes magos y bueno, se nos ocurrió montar un espectáculo (Buhomagia), con la pretensión de que por esta vez, iban a ser los magos los que iban a ayudar a los búhos. El dinero recaudado fue para Brinzal, que lo invirtió en un área de incubación y cría de los pollitos huérfanos.

Me gustó colaborar con ellos y me encanta la relación entre búho y magia. Entonces, este año, teníamos la fiesta de fin de curso, y nos ofrecieron la sala Galileo Galilei para hacerla. Decidí también dar el dinero a alguna causa, y como habíamos quedado muy contentos con ellos, se lo volvimos a dar”.

Y ahora, por arte de birlibirloque, concluímos este post.