Foto: Greenpeace USA.

Foto: Greenpeace USA.

El 20 de abril de 2010 quedará inscrito en la historia mundial como un día desastroso para el medio ambiente. Una plataforma petrolera explotó en el Golfo de México (Estados Unidos) y poco después se hundió. ¿El resultado? Once personas desaparecidas y un derrame descontrolado e incesante de petróleo que ya suma dos semanas completas de contaminación sin precedentes.

Desde el mismo 20 de abril, diferentes medios de información del mundo empezaron a difundir la noticia. Aunque al comienzo con datos vagos y sin confirmar, todos iban expresando su preocupación por el impacto medioambiental y sus consecuencias catastróficas para la fauna, la flora y la vida en general en el Golfo de México y en el mundo entero.

Para situarnos geográficamente, es preciso mencionar que el Golfo de México es una cuenca marítima ubicada en el Océano Atlántico, en Norteamérica, y cuya pertenencia es compartida entre Estados Unidos, México y Cuba.

La explosión ocurrió frente del Estado de Luisiana, pero muy cerca se encuentran las costas de Florida, Alabama, Misisipi y Texas, así como los estados mexicanos de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán. Evidentemente, se trata de zonas pesqueras al cien por cien.

La plataforma era administrada por la British Petroleum (BP), empresa que aún no explica las causas reales del accidente pero que, según advirtió el propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama:

“Tendrá que cargar con las consecuencias del desastre ecológico en su cuenta de resultados”.

Aunque no es una cifra confirmada, se estima que cada día el pozo siniestrado vierte al Océano Atlántico una cantidad similar a unos 5.000 barriles de petróleo. Es decir, mientras estás leyendo estas líneas, el Golfo de México se está contaminando con 795.000 litros diarios de crudo, lo que equivale a la tercera parte del volumen de una piscina olímpica.

Sin embargo, hay especialistas que aseguran que esta cifra no es acertada y que en realidad cada día se están vertiendo al mar cuatro millones de toneladas de petróleo (casi dos piscinas olímpicas llenas a tope). A dos semanas de la explosión, estamos hablando del equivalente de unas 28 piscinas llenas de combustible flotando en el mar.

Las alertas ya están dadas. Mientras que Estados Unidos ha prohibido la pesca en las costas del Golfo de México, entre la desembocadura del río Misisipi hasta la bahía de Pensacola (Florida), la mancha de petróleo sobre el Atlántico cada día aumenta su tamaño y amenaza con llegar a los pantanos y los humedales ubicados en el continente.

Greenpeace abre su página web internacional con una fotografía de la plataforma en llamas y el título: ‘The cost of offshore drilling’ (el costo de la perforación mar adentro).

Mientras tanto, la BP utiliza brazos robóticos y buzos para tapar el agujero del cual fluye el petróleo. Además, está probando un sistema de bombeo de petróleo, pero no es seguro que funcione. De ser así, se tendrá que construir un pozo de alivio (obra que tardaría varios meses) para detener la fuga del combustible.

La causa del derrame, asegura la BP, fue un fallo técnico en el sistema de cierre. Otras hipótesis apuntan a un aumento en la presión del pozo de la plataforma. Lamar McKay, presidente de BP en EEUU, prevé que en una semana se pueda frenar el fluido de petróleo al mar. Sin embargo, se estima que para remediar el daño medioambiental causado harán falta décadas.